LAS ENCUESTAS NO DAN CONSTANCIAS DE MAYORÍA

#Columnade Opinión

Por El Vigía del Mono Verde

Desde mi pedestal, a un costado de la Parroquia, he visto políticos ganar elecciones, perderlas y hasta celebrar derrotas como si fueran triunfos. Pero ahora resulta que en San Miguel de Allende algunos ya quieren ganar la Presidencia Municipal sin pasar por las urnas. Les basta una llamada telefónica y una gráfica de colores.

Rumbo a 2027 comenzaron a circular encuestas que reparten porcentajes, acomodan aspirantes y presentan ventajas electorales cuando todavía ni siquiera están definidos los candidatos.

No tengo nada contra las encuestas. Bien hechas, son herramientas valiosas. Lo curioso es la facilidad con la que algunos convierten una fotografía del momento en una constancia de mayoría anticipada.

Una medición telefónica automatizada, levantada el 26 de octubre, presume 95% de confianza, un margen de error de ±3.8 puntos y una muestra aleatoria representativa.

Suena muy científico. Pero desde aquí abajo hay cinco preguntas que las gráficas no responden.

Primera: ¿a quiénes llamaron? Porque una cosa es marcar teléfonos y otra representar a San Miguel. ¿Fueron celulares, líneas fijas o ambos? ¿Cómo comprobaron que quienes respondieron realmente viven en el municipio? Una llamada contestada no equivale a un ciudadano representado.

Segunda: ¿qué tan representativa fue la muestra? No basta con escribirlo en letras bonitas. Hay que conocer cuántas personas participaron, cómo fueron seleccionadas y qué peso tuvieron las comunidades rurales. Porque San Miguel no termina donde acaba el Centro Histórico, aunque algunos políticos parezcan convencidos de lo contrario.

Tercera: ¿qué significa ese famoso 95% de confianza? Desde luego, no significa que exista un 95% de probabilidades de acertar quién ganará. Es un concepto estadístico sujeto a condiciones metodológicas. Pero hay quienes lo exhiben como si fuera un certificado de victoria expedido por las matemáticas.

Cuarta: ¿el margen de error cuenta toda la historia? No. Ese ±3.8 no incorpora automáticamente los problemas de cobertura, las personas que no contestan ni los posibles sesgos de las preguntas. Y cuando dos aspirantes aparecen separados por unos cuantos puntos, declarar un ganador puede tener más entusiasmo político que sustento estadístico.

Quinta: ¿desde cuándo una encuesta de un día predice una elección que será dentro de siete meses? Una medición aislada no demuestra crecimiento ni caída. Para hablar de tendencias hacen falta estudios comparables. Y para hablar de ganadores primero habría que conocer candidatos, alianzas, campañas y participación electoral.

En San Miguel, casi todo eso sigue sin resolverse.

Y todavía falta una pregunta que suele incomodar más que las otras cinco: ¿quién pagó la encuesta y con qué propósito la difundió?

Porque una cosa es medir preferencias y otra utilizar los porcentajes para fabricar percepciones. El conocimiento de un personaje no equivale a intención de voto, estar arriba por dos puntos no significa tener asegurada una ventaja y aparecer primero en una gráfica tampoco convierte a nadie en candidato.

Aquí conviene detenernos.

El problema no es que las encuestas se equivoquen. El problema es pretender que respondan preguntas que todavía no pueden responder.

Nadie necesita desacreditar las encuestas telefónicas. Su utilidad está demostrada cuando se realizan con rigor. Lo que sí debe cuestionarse es el uso político de resultados sin suficiente información metodológica y la costumbre de presentar escenarios hipotéticos como realidades electorales.

A siete meses de la elección, todavía pueden cambiar candidatos, alianzas, preferencias y circunstancias. Y en política, como bien sabemos en San Miguel, una circunstancia puede valer más que cien gráficas.

Por eso, a quienes ya se sienten ganadores porque aparecieron encabezando un sondeo, les tengo una mala noticia:

Las encuestas miden opiniones. Las elecciones se ganan con votos.

Y hasta donde alcanza mi vista desde este pedestal, el INE todavía no entrega constancias de mayoría por contestar el teléfono.

Aunque viendo tanto festejo anticipado, cualquier día habrá quien venga a presumirme que ya ganó la Presidencia Municipal… porque le salió muy bonita su gráfica.

El Mono Verde no vota, pero tiene memoria. Y sabe distinguir entre quien encabeza una encuesta y quien realmente gana una elección.

 

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