LOS VOTOS NO SE HEREDAN

#Columnade Opinión LOS VOTOS NO SE HEREDAN

Por El Vigía del Mono Verde

Desde mi pedestal, a un costado de la Parroquia, he visto políticos cambiar de partido, candidatos presumir votos ajenos y analistas hacer tantas gráficas que terminan perdiéndose entre sus propias barras.

Ahora fue Raúl Ramírez Riba quien sacó la calculadora para explicar cuánto vale el PRI en San Miguel de Allende y cuánto de su crecimiento se debe a Romina Hernández.

El problema no son sus números. Es la historia que se le olvidó contar.

En 2012, Mauricio Trejo ganó la Presidencia Municipal con 29,323 votos. En 2015, sin él como candidato, la coalición priista cayó a 16,788. Para 2018, el PRI apenas consiguió 6,650. Mauricio regresó en 2021 y recuperó la alcaldía. En 2024 volvió a ganar.

Tres victorias municipales. Y la primera ocurrió mucho antes de que Romina apareciera en esta historia.

Pero vayamos a las cifras que tanto entusiasman a Riba.

En 2021, Mauricio obtuvo 19,891 votos en San Miguel; Romina, 16,669 para diputada local. En 2024, Trejo alcanzó 26,274 y Romina 19,122.

Mauricio creció 32.1%; Romina, 14.7%. La diferencia entre ambas votaciones pasó de 3,222 a 7,152 sufragios.

Son cargos distintos, ciertamente. Pero si Riba pretende explicar quién impulsaba a quién, quizá esa diferencia merecía una gráfica más.

Y aquí viene lo que tampoco conviene esconder debajo de la calculadora.

En 2021, mientras Mauricio ganaba la alcaldía, Romina perdía la diputación local frente al PAN por 6,360 votos. Katya Soto obtuvo 24,514 sufragios contra 18,154 del PRI en todo el Distrito IX.

En 2024 se repitió la historia. Mauricio volvió a ganar la Presidencia Municipal y Romina perdió nuevamente, ahora frente a Morena. Y no solo eso: en el Distrito IX, el PAN obtuvo 28,715 votos contra 20,020 del PRI. Es decir, Romina quedó 8,695 sufragios por debajo del partido al que hoy pertenece.

Curiosa historia la de una candidata a la que algunos atribuyen las victorias de otro, mientras ella no conseguía ganar las propias.

Ahora resulta que Romina dejó el PRI, llegó al PAN y algunos parecen convencidos de que también se llevó los votos en la mudanza.

Pero los sufragios no son muebles que se cargan de una casa a otra.

¿Romina tiene capital político propio? Seguramente. ¿Cuánto de su votación provenía de ella, cuánto de la marca PRI y cuánto de compartir elección con Mauricio Trejo? Esa es precisamente la pregunta que las gráficas de Riba no responden.

Porque una cosa es beneficiarse de una estructura electoral y otra demostrar que esa estructura te pertenece.

Y tampoco confundamos las cosas: no todos los votos de Trejo son automáticamente del PRI. Ahí está precisamente lo interesante. Cuando Mauricio no estuvo en la boleta, el priismo se desplomó; cuando regresó, recuperó la Presidencia Municipal y volvió a ganar.

Los números no permiten adjudicarle cada voto a una persona, pero sí muestran algo que Riba parece pasar por alto: Mauricio tiene una trayectoria ganadora que comenzó mucho antes de Romina.

Desde aquí, frente al Palacio Municipal, me queda una pregunta para el estimado Riba: si Romina era quien cargaba electoralmente a Mauricio, ¿por qué ella perdía mientras él ganaba?

Porque una cosa es compartir una estructura, otra presumirla y una muy distinta demostrar que es tuya.

Riba contó los votos. Lo que le faltó fue contar quién ganó las elecciones.

El Mono Verde no vota, pero tiene memoria. Y esa, por fortuna, todavía no cambia de partido.

 

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