#ColumnadeOpinión El PAN sanmiguelense pierde, pero el hijo pródigo es el que gana

— El Vigía del Mono Verde
San Miguel de Allende, Gto., Martes 01 de Septiembre 2026.- Desde mi pedestal he aprendido que en política las reconciliaciones familiares no siempre ocurren alrededor de una mesa navideña. A veces basta un adversario común.
Durante años, Luis Alberto y Ricardo Villarreal estuvieron distanciados. Los separaron intereses políticos y de negocios, pero también formas distintas de ejercer el poder. En medio de aquellas diferencias quedó incluso el doctor Osvaldo: Luis Alberto llegó a humillarlo políticamente —por eso se fue a apoyar a Mauricio Trejo en el 2021—; Ricardo, por el contrario, lo protegió cuando fue presidente municipal. Hoy, curiosamente, los hermanos vuelven a acercarse y Osvaldo aparece nuevamente alrededor de esa historia. El pegamento se llama Mauricio Trejo, aunque Mauricio no es el centro de esta columna: apenas es la circunstancia que demuestra lo fácil que las convicciones partidistas e ideológicas pueden hacerse a un lado cuando coinciden los intereses personales.
Porque Osvaldo tiene además el respaldo de Ricardo Sheffield, y ahí la memoria hace de las suyas. Sheffield y Luis Alberto ya compartieron intereses políticos en aquel Pacto de la Loma que hace quince años buscó modificar los equilibrios internos del PAN guanajuatense. Hoy uno está en Morena y el otro reconstruye presencia en el PAN. Cambiaron las camisetas, no necesariamente las agendas telefónicas.
Por eso resulta deliciosa la encuesta de Mendoza Blanco & Asociados que desde el propio proceso panista terminó bajo los reflectores, y que deja al PAN en 18.4% frente a 31.6% de Morena, coloca a Osvaldo con 49.6% contra 20.2% de Ricardo Ferro entre las opciones morenistas y, todavía mejor, presenta un escenario donde el doctor derrota 43.2% a 14% a Ricardo Villarreal.
Hay encuestas que los políticos esconden en un cajón y otras que, aunque los hagan perder, sirven maravillosamente para mandar recados. Ésta parece de las segundas.
Y entonces Ricardo vuelve a dejarse ver. En estos días, desde mi ubicación, vi que caminaba por las calles del centro histórico acompañado de una mujer, tomados de la mano, en una escena suficientemente pública para llamar la atención (su vida privada no es asunto de esta columna). Lo políticamente interesante, para quienes conocen el estilo de Ricardo Villarreal, es otra cosa: cuando convierte las calles de San Miguel en pasarela, suele valer la pena observar qué movimiento viene después. No importa con quién camina; importa que decidió caminar donde podían verlo.
Quizá sea coincidencia. Aquí últimamente abundan.
Lo cierto es que el tablero vuelve a juntar personajes que parecían separados: Luis Alberto se acerca nuevamente a su hermano Ricardo; Ricardo conserva puente con Osvaldo; Sheffield respalda al doctor; y una encuesta ventilada en el entorno panista termina fortaleciendo precisamente al morenista que busca estar una vez más en la sucesión sanmiguelense.
No hace falta inventar un Pacto de la Loma 2.0. Sería demasiado elegante ponerle nombre a algo que puede explicarse de manera mucho más sencilla: intereses coincidentes.
Porque esa es la parte verdaderamente importante de esta historia. Luis Alberto puede ayudar al PAN donde le convenga recuperar influencia ante la dirigencia estatal y, simultáneamente, jugar en San Miguel una partida donde lo importante no sea necesariamente que gane Acción Nacional, sino conservar capacidad de presión y tener interlocución con quien pueda ganar.
Al final, los hermanos pueden reconciliarse, el humillado puede convertirse en aliado, un antiguo panista puede impulsar desde Morena y una encuesta donde pierde el PAN puede resultar políticamente útil para algunos panistas.
Desde mi pedestal solo encuentro un ausente en esta extraordinaria reconciliación de colores, familias y viejos conocidos: el interés de los sanmiguelenses.
Porque los políticos podrán cambiar los partidos, perdonarse y hasta olvidarse las humillaciones. Lo que nunca cambia es que primero se ponen de acuerdo sus intereses personales… y después buscan de qué color pintarlos.
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