QUE NO TE ENGAÑEN: HOY YA DIJERON LO QUE PIENSAN

#ColumnadeOpinión QUE NO TE ENGAÑEN: HOY YA DIJERON LO QUE PIENSAN

Desde mi pedestal he visto llegar gente de todos lados.

Sanmiguelenses de generaciones.

Gente de las comunidades.

Mexicanos de otros estados.

Artistas.

Turistas.

Empresarios.

Europeos.

Canadienses.

Y muchísimos estadounidenses que un buen día llegaron de visita y terminaron haciendo de San Miguel su casa.

Por eso hay discursos que pueden sonar muy revolucionarios desde un templete…

hasta que uno recuerda dónde está parado el templete.

Morena reunió recientemente a su estructura en San Miguel para defender la soberanía nacional.

Hasta ahí, nada extraordinario.

El problema fue lo que algunos entendieron por defenderla.

Estados Unidos apareció una y otra vez como amenaza, decadencia, enemigo, saqueador y símbolo de prácticamente todos los males imaginables.

Se habló de “los gringos”.

Se calificó a Estados Unidos como un lugar horrible.

Se cuestionó su sociedad, su gobierno, sus costumbres y hasta buena parte de su modelo económico.

Y mientras escuchaba todo aquello desde mi esquina, este Mono sólo podía mirar alrededor.

Porque estaban pronunciando ese discurso precisamente en San Miguel de Allende.

Una ciudad donde viven miles de extranjeros.

Donde la comunidad estadounidense forma parte cotidiana de colonias, asociaciones, negocios, restaurantes, galerías, proyectos culturales y organizaciones sociales.

Una ciudad en la que estimaciones basadas en el Censo de 2020 han situado alrededor de 10 mil residentes estadounidenses.

Pero aquí viene lo interesante.

Esto no se trata de defender a Estados Unidos.

Mucho menos de renunciar a la soberanía mexicana.

Se trata de algo mucho más elemental:

ENTENDER SAN MIGUEL DE ALLENDE.

Porque una cosa es cuestionar al Gobierno de Estados Unidos.

Y otra muy distinta convertir a Estados Unidos y a “los gringos” en categoría política del adversario.

Una cosa es defender a México.

Y otra insultar culturalmente a una comunidad con la que San Miguel vive todos los días.

Aquí los estadounidenses no son una abstracción geopolítica.

Son vecinos.

Compran en nuestros comercios.

Comen en nuestros restaurantes.

Contratan trabajadores.

Compran propiedades.

Participan en asociaciones.

Invitan familiares.

Organizan eventos.

Consumen cultura.

Y ayudan a construir esa condición internacional que después todos presumen cuando dicen que San Miguel es una ciudad mundial.

Ahí comienza la pregunta que Morena debería responder antes de pedir el voto:

¿quieren gobernar el San Miguel real o el San Miguel que cabe en su discurso nacional?

Porque son cosas distintas.

El San Miguel real es mexicano hasta los huesos y, al mismo tiempo, profundamente cosmopolita.

Defiende sus tradiciones y recibe extranjeros.

Celebra al Señor de la Columna y habla inglés en muchas mesas de restaurante.

Tiene comunidades rurales, cabalgatas y fiestas patronales, pero también galerías, hoteles, bodas internacionales y residentes provenientes de decenas de países.

Ésa no es una contradicción.

Ése es San Miguel.

Por eso preocupa escuchar desde quienes quieren gobernarlo un discurso construido como si abrirse al mundo fuera equivalente a entregarse al extranjero.

No lo es.

San Miguel ha demostrado durante décadas exactamente lo contrario:

puede ser profundamente mexicano precisamente mientras se relaciona con el mundo.

Y hay otra cuestión que los aspirantes deberían considerar.

La política permite muchas consignas.

Gobernar obliga a administrar consecuencias.

Porque si algún día Morena gana San Miguel, ya no podrá hablar solamente frente a su militancia.

Tendrá que gobernar también para ese estadounidense al que hoy algunos llaman “gringo”.

Tendrá que promover la ciudad en mercados internacionales.

Tendrá que atraer visitantes.

Tendrá que generar confianza para inversiones.

Tendrá que relacionarse con empresarios.

Tendrá que cuidar la reputación turística.

Tendrá que preservar una economía donde restaurantes, hoteles, galerías, bodas, servicios, comercio y bienes raíces dependen en distintos grados de visitantes y residentes internacionales.

Y ahí un discurso deja de ser discurso.

Se convierte en política pública.

Por eso lo ocurrido en aquella asamblea merece atención.

No porque Morena haya criticado a Estados Unidos.

Eso forma parte perfectamente legítima del debate político.

Sino porque enseñó algo mucho más importante:

cómo algunos de sus dirigentes entienden el mundo cuando están hablando entre los suyos.

Y en política esos momentos sirven.

Porque después vienen las campañas.

Después llegan los asesores.

Después aparecen los spots.

Después todos se moderan.

Después empiezan a decir que aman San Miguel, que respetan su diversidad, que valoran su vocación internacional y que gobernarán para todos.

Perfecto.

Pero este Mono tiene memoria.

Y por eso conviene recordar lo que dicen antes de que llegue la campaña.

Cuando todavía no está construido el mensaje para conquistar al votante.

Cuando hablan entre compañeros.

Cuando creen que sólo los escucha la militancia.

Ahí suelen aparecer las convicciones verdaderas.

Por eso, querido sanmiguelense:

escucha.

Observa.

Y guarda memoria.

Porque hoy Morena no solamente dijo que quiere ganar San Miguel.

También empezó a enseñarnos qué piensa Morena sobre algunos de los elementos que hacen funcionar a San Miguel.

Después podrán suavizarlo.

Podrán explicarlo.

Podrán decir que se les malinterpretó.

Podrán cambiar las palabras.

Pero cuando llegue 2027 y comiencen a decirte cómo quieren gobernar esta ciudad, recuerda lo que dijeron cuando todavía creían que estaban hablando solamente entre ellos.

Que no te engañen.

Antes de pedirte el voto…

ya te están diciendo quiénes son.

 

 

— El Vigía del Mono Verde

San Miguel de Allende, Gto.

Domingo 16 de Agosto 2026

 

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