Gremio unido… salvo cuando se piensa distinto

#ColumnadeOpinión Gremio unido… salvo cuando se piensa distinto.

Por El Vigía del Mono Verde

Desde mi rincón frente al Cabildo siempre pensé que los peores silencios venían del poder. El viernes pasado descubrí que algunos también llevan credencial de prensa.

Mientras la Secretaría de Gobierno del Estado, la Fiscalía General de Guanajuato y la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos convocaban una mesa de trabajo para hablar de protección al gremio periodístico, una periodista terminó recordando que hay expedientes que no sólo se archivan en un escritorio: también pueden quedarse solos cuando los colegas deciden mirar hacia otro lado.

Yo llevo demasiados años observando esta ciudad como para sorprenderme fácilmente. He visto cambiar alcaldes, colores partidistas, enemigos irreconciliables que después se abrazan y aliados que terminan peleando por una regiduría. Pero hay una escena que siempre me llama la atención: cuando la solidaridad presume ser un principio… hasta que aparece la política.

En aquella mesa, María Antonieta Herrera tomó el micrófono y puso sobre la mesa algo más incómodo que cualquier reclamo contra una autoridad. Relató que la carpeta derivada de un caso ocurrido en 2020 por agresión del ex alcalde Luis Alberto Villarreal terminó prescrita en agosto de 2025; que intentó actualizarla sin éxito; que nunca fue notificada de manera efectiva y que, al pedir explicaciones sobre el cierre, le señalaron que la falta de declaración de otra periodista había influido en el curso del expediente.

No me corresponde determinar responsabilidades. Para eso están los ministerios públicos y los jueces. A mí me basta con observar las contradicciones. Las piedras no dictan sentencias, pero sí conservan memoria.

Y la contradicción apareció sola.

Porque, de acuerdo con el testimonio público de Antonieta, la comunicadora omisa fue Ana Luz Solís, una voz conocida por su dirección en News San Miguel y por sus posicionamientos públicos por aquel mismo caso del 2020 y por señalar supuestos actos de violencia del actual alcalde.

Entonces surge una pregunta que ningún reglamento puede responder: ¿qué ocurre cuando quien exige solidaridad hacia los periodistas aparece señalada, por una colega, de no haber respaldado un caso que podía fortalecer precisamente la defensa de otra periodista?

Ahí termina el discurso y comienza la política.

Porque el fuego amigo tiene una característica muy peculiar: casi nunca hace ruido. No necesita amenazas ni conferencias de prensa. Le basta un silencio.

La libertad de expresión suele defenderse con comunicados, foros, paneles y fotografías. Pero la solidaridad se demuestra cuando toca comparecer, sostener una versión o acompañar a un colega aunque piense distinto, publique distinto o simpatice con personas distintas.

Y eso parece ser mucho más complicado.

Desde este pedestal he aprendido que las diferencias editoriales son normales. Criticar al alcalde, a la gobernadora, al fiscal o a la presidenta de la República forma parte del trabajo periodístico. Lo cuestionable no es hacia dónde apunta la crítica, sino que la brújula moral parezca girar dependiendo del personaje en turno.

Porque si el gremio exige que el poder no abandone a los periodistas, también tendría que preguntarse si los periodistas no están abandonando primero a los periodistas.

La mayor ironía de aquella mesa no fue escuchar un reclamo dirigido a la Fiscalía. Eso era previsible. La verdadera ironía fue que, en un encuentro organizado para fortalecer la protección del gremio, terminó exhibiéndose una fractura dentro del propio gremio.

A veces el expediente no se queda solo por culpa exclusiva de la burocracia.

A veces también pesa el silencio de quienes pudieron hablar.

En medio de ese escenario apareció Jorge Jiménez Lona, secretario de Gobierno, recibiendo directamente la petición de Antonieta para revisar el caso. En política, abrir una puerta no resuelve el problema, pero al menos evita cerrarla con llave.

Mientras tanto, el resto del gremio haría bien en mirar menos hacia el poder y un poco más hacia el espejo.

Porque la credibilidad no sólo se pierde cuando un gobierno calla a un periodista.

También se desgasta cuando un periodista guarda silencio frente al problema de otro.

Desde aquí, donde llevo décadas viendo desfilar administraciones completas, puedo asegurar una cosa: las alianzas cambian, los gobiernos pasan y los adversarios se reciclan. Lo único que permanece es la memoria.

Y la memoria tiene un defecto insoportable para quienes administran convenientemente sus causas: nunca prescribe.

Porque la libertad de expresión se exige al poder. La solidaridad, en cambio, empieza entre colegas.

 

02 de Agosto de 2026

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