#ColumnadeOpinión #SanMigueldeAllende Las internas de Morena San Miguel: perder con ayuda de los propios

_Por: El vigía del mono verde_
San Miguel de Allende, Guanajuato, domingo 05 de Julio 2026.- Osvaldo García y Ricardo Ferro no necesitan que la oposición los golpee demasiado: sus propios equipos y consejeros están haciendo buena parte del trabajo. En la disputa por la candidatura de Morena a la presidencia municipal de San Miguel de Allende, ambos cargan debilidades evidentes, pero el daño mayor viene de quienes, en teoría, deberían cuidarlos.
Osvaldo tiene posicionamiento, arrastre y memoria electoral reciente. Pero también carga un pasado político incómodo y señalamientos que cualquier adversario puede convertir en campaña negra de alto rendimiento. Su equipo parece creer que una encuesta favorable borra expedientes, contradicciones y viejas alianzas. Mala lectura: en política, el archivo no desaparece; solo espera temporada electoral.
Ricardo Ferro tiene cargo, Congreso y reflectores institucionales. Pero no logra sacudirse la imagen de político de escritorio, más fuerte en la negociación legislativa que en el territorio sanmiguelense. Sus consejeros parecen confundir una presidencia en el Congreso con una candidatura ganada en la calle. Como si los votos salieran del Diario de los Debates.
Desde El arte de la guerra, ambos fallan en lo elemental: no conocen su propio punto débil. Osvaldo actúa como si su vulnerabilidad reputacional fuera un asunto menor. Ferro actúa como si su bajo arrastre pudiera compensarse con cargo y fotografía. Uno se tropieza con su pasado; el otro con su distancia.
Desde Las 48 leyes del poder, el error es todavía más claro: descuidaron la reputación. Osvaldo no ha logrado cerrar la puerta a la narrativa del oportunismo político. Ferro no ha logrado abrir la puerta de la conexión popular. Y mientras ellos cargan esos flancos, sus equipos se dedican a inflarlos, consentirlos y venderles espejos.
Las filias los están cegando. Alrededor de Osvaldo hay quienes le hacen creer que el resultado cerrado de 2024 lo convierte automáticamente en dueño del futuro. Alrededor de Ferro hay quienes le hacen creer que el aparato institucional sustituye al ánimo social. En ambos casos, los aplausos internos funcionan como anestesia política.
Las fobias hacen el resto. Los anti-Osvaldo lo reducen a su pasado. Los anti-Ferro lo reducen a su falta de territorio. Cada grupo presume conocer la debilidad del otro, pero ninguno acepta la del propio. La grilla interna no los fortalece; los exhibe.
El resultado es una escena casi de comedia negra: Osvaldo puede ser el más competitivo, pero también el más atacable. Ferro puede ser el más institucional, pero también el menos rentable. Y sus equipos, lejos de corregir el rumbo, parecen competir para ver quién comete el error más caro.
La oposición no necesita inventar demasiado. A Osvaldo le pueden acomodar el expediente. A Ferro le pueden acomodar la etiqueta de político distante. Y a Morena le pueden acomodar una frase brutal: tienen candidatos, pero también tienen consejeros que trabajan como adversarios infiltrados.
En política, a veces se pierde por falta de fuerza. En este caso, el riesgo es más absurdo: perder por exceso de aduladores, operadores con rencores y asesores que confunden lealtad con ceguera.
Osvaldo y Ferro todavía no han sido derrotados por sus rivales. Por ahora, los están derrotando los suyos.
Y esto, apenas, es la capa superficial. Aquí ni siquiera se han puesto nombres ni apellidos a los asesores, consejeros y operadores que, con sus filias, fobias y pequeñas guerras de café, están empujando a sus propios aspirantes al desgaste. Porque si se abriera completo el expediente de quién aconseja, quién intriga, quién filtra y quién cobra por aplaudir, la columna ya no sería análisis político: sería inventario de daños.
