#Columna LOS VILLARREAL: EL PAN COMO PALA, NO COMO PARTIDO
_Por: «el vigía del mono verde»_

En San Miguel de Allende hay fantasmas que no necesitan sábana: les basta una rueda de prensa, un evento panista y un micrófono abierto para volver a espantar a la militancia.
Luis Alberto Villarreal reapareció en el PAN sanmiguelense con discurso de redentor, tono de prócer y memoria selectiva. Volvió a hablar de rescatar a San Miguel, de abrir puertas, de sumar ciudadanos y de recuperar el rumbo. Lo curioso es que, cada vez que los Villarreal hablan de “recuperar el rumbo”, muchos panistas empiezan a revisar si todavía traen cartera, candidatura o dignidad política.
Porque el mensaje de Luis Alberto fue claro: el PAN está abierto a todos. Vengan del PRI, de MC, de Marte o de Júpiter. El problema no es abrir la puerta; el problema es que, cuando Luis abre la puerta, los panistas sienten que a ellos los dejan afuera de su propia casa.
La presencia de Romina Hernández en el evento terminó de prender la mecha. Ex candidata priista, ex funcionaria municipal (crítica permanente del alcalde porque la despidió), vinculada en rumores con Morena y ahora vista respirando oxígeno panista. Ella misma dijo que la invitó Luis Alberto. Y ahí varios panistas volvieron a decir lo que ya se dice en voz baja desde hace años: “siempre es lo mismo, sólo piensa en él y nunca en los panistas”.

Pero la joya de la tarde fue la analogía futbolera. Luis comparó al gobierno actual con el Zacatepec y planteó que cambiarlo por Morena sería como pasar a los Dorados de Sinaloa. En política, las metáforas pueden ayudar; en este caso, la comparación salió con más autogol que estrategia. Usar a Sinaloa como referencia en medio del contexto nacional es, por decirlo elegante, patear el balón directo al avispero.
Y mientras Luis intenta volver a dirigir la orquesta panista, Ricardo Villarreal trae su propia partitura. Ricardo se mueve en territorio, pero su proyecto parece caminar por otra cancha: apoyar al doctor Osvaldo García, hoy instalado en Morena. Es decir, un Villarreal quiere abrir el PAN hasta Júpiter y el otro parece empujar una ruta guinda desde la tierra.
La pregunta no es si los Villarreal regresaron. La pregunta es para qué.

Porque si algo queda claro es que los hermanos no llegan unidos. Traen diferencias, aliados distintos y rutas encontradas. Lo único que parece unirlos es el enojo contra Mauricio Trejo, el “último mohicano” que les arrebató la plaza y les rompió la ilusión de que San Miguel seguía siendo una herencia familiar con vista al centro histórico.
En el fondo, el problema del PAN sanmiguelense no es sólo perder elecciones. Es no saber si quiere competir, reconstruirse o dejarse administrar por quienes ya lo llevaron al desgaste. Porque una cosa es abrir el partido a la ciudadanía y otra muy distinta es convertirlo en sala de espera para perfiles reciclados, resentidos o políticamente nómadas.
Luis dice que no busca cargo. Ricardo no necesita decirlo para moverse. Romina dice que va donde estén las causas. Osvaldo está en Morena, pero su sombra sigue oliendo a villarrealismo. Y los panistas de base, los que sí han tocado puertas, cuidado casillas y defendido siglas, miran la escena con una mezcla de coraje, cansancio y déjà vu.
El PAN en San Miguel quiere vender renovación, pero reaparecen los mismos operadores de siempre. Quiere hablar de futuro, pero carga el retrovisor lleno de viejas facturas. Quiere recuperar la plaza, pero quizá no se ha dado cuenta de que algunos de los que dicen venir a salvarlo podrían terminar enterrándolo con honores, himno y corte de listón.
Porque en San Miguel, cuando los Villarreal reaparecen, no todos escuchan estrategia.
Algunos escuchan la pala pegando contra la tierra.
07 de Junio 2026
#ColumnadeOpinión
